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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 31 de enero de 2016

PYMES en Cuba: ¿utopía o realidad necesaria?

Por Dr Omar Everleny Pérez Villanueva 

Introducción 

Cada día aumenta el interés mundial en el papel que desempeñan o deben desempeñar las empresas pequeñas o medianas (PYMES) en los procesos de desarrollo económico. En muchos países, las PYMES dominan la estructura de la industria y los servicios, y tienen características que las distinguen de las grandes empresas. 

El desarrollo de la subcontratación y la cooperación en los sectores ha contribuido a la reactivación y al dinamismo de muchas economías en el mundo, incluyendo las economías desarrolladas. La producción se encadena sobre la base de la fabricación de piezas, partes, componentes, equipos o realización conjunta de proyectos o diseños; en los cuales se encuentran muchas pequeñas empresas asociadas a las grandes compañías. 

Es indiscutible el papel de estas pequeñas o medianas empresas en la creación de empleo, dinamización de mercados, mejor distribución de ingresos y desarrollo de las regiones, en una adaptación más flexible a las crisis económicas. El uso de la mano de obra es por lo general intensivo, allí donde es escaso el capital, tam-bién utilizan más los recursos locales, lo cual las vincula estrechamente a las economías territoriales. 

El objetivo de este artículo es ofrecer una visión de la importancia que tiene para un país como Cuba el establecimiento de las pequeñas y medianas empresas para una verdadera articulación del tejido empresarial del país, lo que además no es algo novedoso en la realidad nacional, teniendo en cuenta que antes de 1959, lo que prevaleció en Cuba fueron las microempresas, las pequeñas y las medianas empresas. 

Para esto abordaremos de forma sucinta, los elementos generales que se manejan de estas pequeñas y medianas empresas (PYMES), posteriormente la evolución histórica de este tipo de empresa para el país, hasta la actualidad, para culminar con unas ideas propositivas sobre la necesidad de su implementación. 

Elementos generales acerca de las PYMES 

Uno de los aspectos del debate alrededor de las PYMES es la definición de un concepto universal. Una dificultad estriba en la fijación de un límite entre pequeñas, medianas y grandes empresas en razón del número de trabajadores. Una empresa con 25 empleados es grande dentro de los servicios domésticos, tales como: peluquería, venta de alimentos, pero muy pequeña si se hablara de la industria química, farmacéutica, etcétera. 

De acuerdo con su tamaño, las empresas pueden clasificarse en: micro, pequeñas, medianas y grandes. En este sentido, cualquier definición que se plantee es realmente difícil, ya que en la actualidad aún en el mundo empresarial no existe consenso, las definiciones tienden a ser arbitrarias. Entre los criterios utilizados se encuentran: el volumen de ventas, el tamaño del capital propio, el número de trabajadores ya mencionado o una combinación de los anteriores. A nivel internacional, especialmente en Europa, y dentro un país como España, por ejemplo, el criterio que más se utiliza es el número de trabajadores, asumiéndose que una microempresa es la que posee hasta 10 trabajadores, una pequeña de 10 hasta 49 trabajadores, una mediana de 50 a 249 trabajadores y una grande más de 250 trabajadores. 

No obstante, esto puede variar de acuerdo con el país, e incluso al interior de uno de ellos. Por ejemplo, en un estudio de la CEPAL del año 1993, titulado “La pequeña y mediana empresa. Algunos aspectos” se hacía otra clasificación, y se definía a las microempresas entre 1 a 4 empleados, las pequeñas empresas entre 5 y 19 emplea-dos, y las medianas empresas entre 20 y 49 empleados. 

El término para definir a las micro, pequeñas y medianas empresas (conocidas internacionalmente por las siglas PYMES),1 es MPYMES, que es una expansión del término original, donde se incluye a la microempresa. 

1 Veáse: Diccionario de la Real Academia Española, Ed. XXII, 2001. 

Los elementos a tomar en cuenta dependen de las regulaciones y objetivos de cada país, dado que no existe un acuerdo generalizado sobre los criterios que deben utilizarse para medir el tamaño de las empresas, ni cuáles dimensiones son las adecuadas.2 

Las PYMES abarcan un gran número de tipos de em-presas desde artesanía tradicional, vendedores ambu-lantes y talleres de reparaciones hasta empresas elabo-radoras de materiales de la construcción, de la industria, entre otras. También son muy comunes en el reciclaje de papel, cartón, trapos, hierro, y otros materiales. Una par-te importante de la producción de las PYMES consiste en bienes de consumo baratos, destinados en muchas ocasiones al mercado interno, lo cual favorece también el empleo de materias primas locales. 

Los economistas Monreal, Carranza y Gutiérrez (1997) abordaron la relación entre la eficiencia productiva y las formas de propiedad, señalando que en las grandes y una parte de las medianas empresas privadas, por la naturaleza de las actividades económicas en que se desenvuelven y la necesidad de grandes capitales para su desarrollo, se ha impuesto la separación de la propiedad y el control. Sin embargo, en las pequeñas y en una gran parte de las medianas empresas, por el carácter de la actividad específica, la complejidad y las escalas de producción, que no requieren la movilización de grandes capitales, esta separación es innecesaria, incluso contraproducente. 

Para que un país prospere, desde el punto de vista económico, debe ser capaz de producir riquezas. Las empresas, independientemente del sistema económico imperante, son los entes responsables de que esto ocurra. Para cumplir su función productiva, la empresa debe utilizar los denominados factores productivos que esencialmente son: el trabajo (los recursos humanos utilizados para producir bienes y servicios) y el capital (el dinero y todo lo que se adquiere mediante este: máquinas, equipos, herramientas, edificios, etcétera). Otro factor, no menos importante, lo constituye la organización (administración o dirección de la empresa). De hecho, es a través de esta última que los factores anteriores son coordinados para alcanzar determinados objetivos o fines, que constituyen la propia razón de ser de la empresa (Arredondo, 2012). 

La empresa, además de ser una unidad económica, es también un ente social, insertado en la sociedad a la cual sirve y a la que no puede permanecer ajena. La sociedad debe proporcionarle el orden garantizado por la ley y el poder público, la fuerza de trabajo y los consumidores, la educación de sus obreros, técnicos y directivos, los medios de comunicación y la infraestructura económica en la cual se desempeña. La empresa recibe mucho de la sociedad y existe entre ambas una interdependencia inevitable. Por ello, no debe permitir-se que los objetivos económicos estén por encima de los objetivos sociales, debe tratar de lograr ambos sin detrimento o aplazamiento del otro. 

2  Puede profundizarse en estas cuestiones en Francisco Llopis: “Análisis de la iniciativa empresarial de la pequeña empresa: incorporación del enfoque estratégico al proceso de creación”, tesis doctoral, Universidad de Alicante, mayo de 2000. 

Las PYMES cubanas pueden ser el laboratorio de prueba para personas con ambiciones gerenciales, dirigir una pequeña empresa de tamaño manejable, le da a su directivo la posibilidad de comprobar sus habilidades de gestión de una forma más sana. 

Para que las PYMES en Cuba tengan un adecuado uso o significación, es necesario que el gobierno contribuya a su articulación con el resto de la gran industria, especialmente la estatal, donde se le brinde el apoyo necesario y se legisle el modo de su funcionamiento. 

PYMES en Cuba 

Sin hacer una larga historia, es necesario remontarse al pasado para hablar de PYMES, reconociendo la experiencia que tuvo el país antes y después de la Revolución. Antes de 1959 existían en el país, alrededor de 2 300 establecimientos industriales, y la mitad clasificaba como microempresas que empleaban a menos de 6 trabajado-res. La industria azucarera estaba formada por un grupo de centrales grandes con significativo peso dentro de la estructura de la producción y otro gran número de centrales pequeños. El resto de las industrias nacionales eran pequeñas plantas con inversiones de poco capital y reducido número de empleados, las cuales destinaban su producción, esencialmente, a la demanda interna. 

No obstante, en la década de 1950 un grupo importante de empresas trasnacionales buscaron oportunidades en Cuba, y comenzaron un proceso inversionista que llegó a representar un tercio de las inversiones totales realizadas. Se destacaron, las empresas para la generación de electricidad, refinerías de petróleo, fábri-cas de neumáticos, pinturas, níquel, molinos de trigo, detergentes, botellas, vidrios. Mientras, los inversionis-tas nacionales, con créditos bancarios invirtieron en plantas de acero, fábricas de cemento y materiales de la construcción. Pero, a pesar de esas grandes empresas, las microempresas eran 45 % del tejido empresarial cubano, y se estima que las pequeñas eran 35,5 %. 

Las leyes y transformaciones del período revolucionario, entre ellas las nacionalizaciones realizadas fundamentalmente en el año 1960, dieron lugar a un descenso en el nivel de inversiones, mientras se agudizaba el enfrentamiento con los Estados Unidos. En este contexto, el peso del sector estatal según el valor de los fondos básicos, fue variando de acuerdo con el avance de las nacionalizaciones, y ya en 1968 la mayor parte de todas las empresas eran estatales, con la excepción de la agricultura. 

Asimismo, debido a circunstancias propias del momento, en 1968 el Estado nacionaliza todo el sector privado del comercio, los servicios y las pequeñas industrias, lo que cambia totalmente la estructura económica del país, la cual a partir de ese momento se caracterizó por el predominio del sector estatal en todas las ramas, manteniéndose un ínfimo sector privado en el transporte y en la agricultura. 

El proceso inversionista que siguió el Estado entre 1970 y 1990, buscando el incremento del empleo industrial y la producción, con nuevos criterios de localización de las plantas, tendió a la creación de grandes empresas, de uniones productivas, que se integraron verticalmente. Esto favoreció la escasa cooperación inter-empresarial y el desaprovechamiento de las capacidades instaladas, anulándose la competencia o la cooperación entre las empresas menores. La preferencia estuvo en el aprovechamiento de las llamadas “economías de escala” de las empresas mayores, una elección compartida por la mayoría de los países de Europa del Este y la URSS. Por ende, la tipología empresarial industrial en Cuba en 1988 daba cuenta de que 88 % de las empresas se podían clasificar como grandes, con un rango entre 251 y 1 000 trabajadores, el resto era mediana o pequeña, pero con una cantidad de trabajadores que sobrepasaba la media internacional. 

Después de 1989, con el agotamiento del modelo extensivo de la economía y junto a ello la desaparición del bloque socialista, la economía atravesó una crisis profunda, con una caída de las importaciones de dos dígitos, lo que provocó que la industria se paralizara parcialmente, y donde en determinados momentos, la capacidad se utilizó a menos de 20 %. 

El país comenzó a implementar un conjunto de medidas de supervivencia, donde las granjas estatales ineficientes se convirtieron en Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), así alrededor de 400 granjas se convirtieron en 4 000 UBPC. 

También, con el objetivo de mejorar el suministro de algunos servicios básicos a la población, los cuales el Estado no podía brindar, y crear nuevas opciones laborales y reconducir hacia la legalidad a un conjunto de trabajadores clandestinos que habían ido surgiendo, fue adoptado el Decreto-Ley No. 141/93 que permitió el ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia (TCP) y reguló las actividades autorizadas, quiénes podían ejercerlas, los requisitos y el ordenamiento general de estas. 

El gobierno apeló a las reservas internas que existían en el país, y eso lo llevó a ampliar las posibilidades del TCP en 1993. Esto propició, también, cambios en el peso de algunos sectores dentro del empleo, como los servicios gastronómicos, donde se crearon los restaurantes privados, “paladares”, pero solo con 12 sillas, lo que abrió las puertas al resurgimiento de las microempresas cubanas. 

El resto de las industrias en los años noventa se redimensionaron, otras cerraron, se redujeron los turnos de trabajo, pero por lo general siguieron siendo grandes empresas. Debe destacarse sin embargo, que en algunas ramas de alto valor agregado como la biotecnología, se diseñaron pequeñas fábricas, con poco personal y mucho más flexibles para determinadas producciones, como las vacunas. 

Tras la apertura de la economía cubana en los años noventa, la cifra de trabajadores privados aumentó a 121 000 licencias en 1994 y tuvo un máximo de 165 000 licencias en 2005. Después de esa fecha se produjo una disminución “significativa” (Pérez, 2011). Sin embargo, como parte del proceso de reestructuración de la eco-nomía nacional, atendiendo a las difíciles condiciones en que se hallaba, se decidió relanzar el sector y se dictó la Resolución No. 32, de octubre de 2010. En esta ocasión, aumentó el número de actividades permitidas (de 157 creció a 178), posteriormente estas se siguieron ampliando hasta llegar a 201 actividades, y se flexibilizaron varios aspectos en aras de potenciar la actividad: se les permite a los cuentapropistas contratar fuerza de trabajo, recibir créditos, operar con cuentas corrientes, establecer relaciones con el sector estatal mediante contratos, entre otras. En este nuevo escenario, se considera que las características de los “nuevos” cuentapropistas, los ubican realmente en el campo de las micro y pequeñas empresas privadas. 

Entre 2008 y 2014, bajo la administración del presidente Raúl Castro, se han producido cambios de gran envergadura, entre los que se destaca el auge del sector privado y el sector cooperativo, las nuevas directrices a la empresa cubana para su desregulación, la entrega de tierras en usufructo a todo el que la quiera trabajar, entre otros, lo que ha abierto el camino a la creación de muchas PYMES en Cuba, más semejantes a sus contra-partes en el resto del mundo. 

En el Grafico 1 se puede apreciar el auge sostenido del número de licencias obtenidas para ejercer el trabajo privado, donde se observa el despegue después de 2010. 


A pesar de que son definidos como trabajadores por cuenta propia, en la práctica, a partir de las regulaciones que se han implementado en función de flexibilizar la actividad, estos agentes económicos se ubican ya en el terreno de la micro y pequeña empresa privada. Todavía son necesarias algunas definiciones de conceptos importantes, y de límites precisos en los espacios de actuación, que “ajusten” las “reglas del juego” para todos los actores económicos. Se considera que esto puede encontrar respuesta en la elaboración de la conceptualización teórica del modelo económico cubano, asunto mencionado por el presidente Raúl Castro en la clausura del X Período Ordinario de la Asamblea Nacional en diciembre de 2012. 

Palenzuela y Saccheti (2007) señalaron que las actividades por cuenta propia, inicialmente emprendidas como opción de subsistencia para los grupos domésti-cos cubanos, pronto habían aumentado en complejidad y especialización, alcanzando en ocasiones un elevado grado de estructuración en las relaciones de trabajo y de división de tareas en su seno. Según ellos, estas se han convertido en microempresas, en las cuales se activan estrategias de ahorro, acumulación y peculiares formas de inversión y capitalización en los límites (estrechos) permitidos por el gobierno. En estas microempresas, el titular de la licencia es coadyuvado por un número de trabajadores asalariados, variable según el oficio (de un mínimo de uno a más de diez) de irregular posición frente a la ley, que no reconocía a estas figuras en ese momento, lo cual fue superado por la legislación actual del país. Esta situación, aunque existente,3 se mantenía “oculta” dado el carácter ilegal que adoptaba, pero es indudable, que ya en este momento de forma ilegítima existían en Cuba personas a las cuales se les podía catalogar como micro y pequeños empresarios al frente de negocios bien organizados y con estructura empresarial. 

Es decir, es necesario en la Cuba actual, la reconceptualización del término trabajo por cuenta propia, porque a pesar del tiempo transcurrido en el proceso de “flexibilización” este tipo de empleo aún presenta un desarrollo incipiente y es difícil poder apreciar su verdadero alcance y potencialidad, dada la propia precariedad del entorno económico en el cual se desarrolla, la gradualidad de los cambios en el marco regulatorio que condiciona su actuar, las dificultades con los insumos, entre otros. No cabe duda de que el cuentapropista de hoy ha ido evolucionando, y solo necesita tiempo para demostrar sus potencialidades. 

Puede afirmarse que el término cuentapropista es insuficiente para referirse a una buena parte de las unidades económicas que operan en Cuba, las cuales por su capacidad de movilizar organizadamente factores productivos (capital y recursos humanos) pueden considerarse empresas, ya que cumplen con las definiciones señaladas con anterioridad. 

Teniendo en cuenta los conceptos manejados hasta aquí, las transformaciones que han tenido lugar en el país a partir del proceso de flexibilización del trabajo por cuenta propia, la bibliografía consultada y la realidad en la cual se desenvuelve el sector, es conveniente la adopción de un concepto diferente al de cuentapropista para referirse a este, tal como el de micro y pequeñas empresas (MPYMES), dado que esta clasificación abarca y se ajusta a todo el universo al que se hace referencia;4 y por ende, a quienes ejercen como titulares de las licencias, se les denominará empresarios. 

Existe la convicción de que la mayor parte de la industria cubana, al menos de las ramas ligeras y otras, pudieran pasar a ser PYMES, lo que permitiría redimensionar nuestra maltrecha industria nacional. Es innegable que las PYMES cuentan con ventajas muy importantes en Cuba, como la alta calificación de la fuerza de trabajo, un mercado con mucha demanda insatisfecha. 

3 Es importante señalar que en aquel momento ni ahora, esta es la situación que ha prevalecido en todo el universo de los cuentapropistas cubanos. Una buena parte opera de forma individual y no son pocos los que tienen ingresos de subsistencia. 

4  Se entiende que entonces una persona que ejerza una actividad con un grado de organización muy simple, tal puede ser el caso de un vendedor de maní con su licencia, sea difícil concebirlo como una microempresa o empresario; sin embargo, los conceptos no lo discriminan. Existe una superposición y un solapamiento conceptual, en el cual la figura de la microempresa y el trabajador por cuenta propia se difuminan, en estos casos se considera más acertado y pertinente utilizar el concepto de trabajador por cuenta propia. 

El factor de localización es favorable en la creación de las PYMES. En un archipiélago con cerca de 110 000 km2 con 11 millones de habitantes resulta muy complicado ubicar grandes empresas en pequeños asentamientos urbanos, solo pueden situarse en ciudades con un tamaño más o menos ideal, es decir con 100 000 habitantes o más, y esto por supuesto inhibe el desarrollo de las urbes de menor tamaño. Las fábricas pequeñas ayudan a transformar el perfil productivo y ocupacional de los núcleos menores y disminuyen los flujos migra-torios hacia los polos urbanos de mayor densidad o de mejores expectativas, vinculados a sectores priorizados, como el turismo, minería, entre otros. 

Una PYME tiene que estar vinculada con todo el en-torno empresarial existente, el cual es preciso diseñar e instrumentar de forma tal que el Estado reconozca su rol y cree las condiciones para aprovechar todo su potencial. 

Es conveniente que este sector no estatal que emerge y puede convertirse en el mediano plazo en un denso tejido de MPYMES, pueda abrir cuentas corrientes y manejar los instrumentos de pago que se utilizan en la práctica bancaria. A primera vista, se aprecian los siguientes efectos positivos: disminuirían sus costos operacionales y el riesgo de manejar y acumular excesivos volúmenes de efectivo (por vía bancaria podrían pagar sus obligaciones tributarias, contribuciones a la seguridad social, servicios de electricidad, teléfono, gas, agua, y otros); empezarían a ser viables financieramente sus vínculos con el sector empresarial e institucional estatal y se facilitarían las interrelaciones y la formación de cadenas de valor también dentro del propio sector privado y cooperativo; facilitaría el control de la legalidad, en especial, contribuiría a reducir la evasión fiscal, por la obligatoriedad de contar con cuenta corriente los negocios con ingresos brutos superiores a 50 000 CUP. Las MPYMES tendrían el incentivo de colocar sus ingresos en dicha cuenta dado que constituye una garantía para solicitar créditos, entre otros beneficios (Vidal, 2012). 

Antes de la puesta en vigor del Decreto-Ley No. 289, las MPYMES habían duplicado su número previo a la apertura en 2010, completamente al margen de la banca formal. Ya constituyen alrededor de 490 mil licencias otorgadas hasta 2015, y aún continúan casi al margen del financiamiento formal. Con lo cual se puede suponer, que las inversiones y el capital de trabajo de los nuevos negocios han tenido como procedencia el ahorro de los propios cuentapropistas y microempresarios, las remesas desde el exterior, y recursos que se mueven por vía de las finanzas informales (préstamo de un fa-miliar, amigo u otra persona). Incluso en algunos casos, el capital y el propio negocio pertenecen realmente a extranjeros y en muchos casos a cubano-americanos que para operar utilizan un ciudadano cubano inscripto en el país. 

Este no es un tema nuevo en el debate cubano, en el año 1997, se elaboró un documento por el Centro de Estudios de la Economía Cubana junto al Ministerio de Finanzas y Precios, el Banco Popular de Ahorro, y el Centro de Investigaciónes de la Economía Mundial, titulado “Las PYMES no estatales en el proceso de transfor-mación de la economía cubana”, donde se diseñaba la política para la implementación de las PYMES en el país, y cuyos resultados entre otros, exhortaban a la creación de este tipo de empresa, se establecían los pasos para formarlas y las instituciones que era necesario crear. El estudio hacía un resumen de las diferentes medidas que se habían tomado en el área económica, las cuales viabilizaban a este tipo de empresa, tales como: el redimensionamiento que había sufrido el sector industrial del país, las trasformaciones en el sector agrícola, el desarrollo y la expansión del trabajo por cuenta propia, el desarrollo de la economía local y territorial, y el nuevo papel de los negocios conjuntos con el capital extranjero, entre otros. 

También a mediados de los años 1990, un grupo de funcionarios cubanos dirigidos por Rafael Alhama y Juan José Pérez, desde el Centro de Investigación del Trabajo, del propio Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, habían expuesto, a su entender, las modalidades que debían tener las MPYMES en Cuba, entre ellas: 

1. PYME estatal (como un nuevo sector, con elemen-tos de descentralización, y desconcentración de la gran empresa). 

2. PYME cooperativista (donde se ofrecía una mayor posibilidad a las actividades de servicio, comercio, transporte y agricultura). 

3. Microempresa (creadas a partir de las actividades aprobadas para ejercer por cuenta propia). 

Por formas de propiedad existen también variantes, tales como: estatales, cooperativas, privadas y mixtas en cualquiera de las variantes anteriores. A estas modalidades se les podría añadir la empresa mixta, no solo la que se conoce actualmente en referencia a la asociación de capital extranjero y capital nacional estatal, sino a variantes que permitan la asociación del capital extranjero y el nacional privado. 

Una vía a explorar sería la venta de acciones a los trabajadores o el aporte de algunos medios de producción, esta variante es muy lógica en la industria de confecciones y en la prestación de servicios. 

En sentido general, la PYME cubana puede tener muchas ventajas, pero es preciso que esa empresa tenga la autonomía y la operatividad que la caracteriza, el plan de la economía no debe conspirar contra su funcionamiento. Debe actuar en nuevas concepciones de dirección y gestión, aquellas que abarquen desde el diseño del producto, la adquisición de medios para la producción, la calidad del producto, que este sea competitivo, con niveles crecientes de personalización del consumidor, entre otros. 

Uno de los temas que genera desconfianza con res-pecto a la pequeña propiedad privada, son las desigualdades sociales que han aparecido a partir de las transformaciones que tuvieron lugar en los años noventa. No obstante, debe quedar claro que el aumento del trabajo por cuenta propia no constituyó el único factor que estimuló este fenómeno, aunque en general los ingresos son comparativamente elevados en este segmento. 

El Ministerio de Economía y Planificación en el año 1996, en un documento de trabajo sobre la valoración para estudiar las pequeñas y medianas empresas como una fase superior del incipiente trabajo por cuenta propia alertaba: 

“(...) Existe un factor psicológico y contradictorio que influye aunque no determina en el comportamiento de las variables y es el asociado a la poca aceptación desde el punto de vista político de las personas que realizan este tipo de trabajo, sobre lo cual debe actuarse (…) por eso debe establecerse una regulación indirecta que permita un control más efectivo de esta actividad, por ejemplo: 

1. Establecimiento de un mercado de insumos, con suficiente concurrencia de proveedores que podría estar subordinado metodológicamente al MINCIN, con sistema de factura único y que permita controlar la procedencia de los produc-tos y el nivel de precios minoristas. 

2. Establecer precios competitivos, es decir ma-yoristas, a los insumos que se vendan en ese mercado, los cuales deben en todos los casos

Incluso en la etapa inicial podrían realizar las mismas actividades que las ya aprobadas en el reglamento vigente del Trabajo por Cuenta Propia y de las Cooperativas Urbanas. 

Debe pensarse también, en la utilización del recurso humano altamente escolarizado que tiene el país, es decir, deben priorizarse empresas donde se haga un mayor uso del conocimiento, lo que evitaría la descalificación de estos recursos que están emigrando hacia esferas donde se obtienen mejores ingresos, pero requieren poca calificación, e incluso frenar la emigración hacia el exterior, tanto para países con mayor nivel de desarrollo, como hacia los de menores niveles de desarrollo de América Latina, donde la pirámide social no está tan invertida como en nuestro caso. 

En un país como Cuba se pueden esperar muchos resultados de este tipo de empresa, especialmente en permitir cubrir los costos en los cuales se in-curren en su producción, pero a la vez deben ser adecuadamente bajos para desestimular la desviación hacia otros mercados. 

3. Facilitar procedimientos de pago a través del sistema bancario nacional, lo cual permitiría una transferencia mayor de las actividades de este sector”. 

Lo interesante de estas notas es que a casi veinte años de esas sugerencias, siguen hoy vigentes las mismas preocupaciones alrededor del desarrollo de las PYMES. De acuerdo con las particularidades de Cuba, y basado en la literatura internacional y la propia estructura de las empresas cubanas a mediados del siglo xx, el diseño de las PYMES según el número de trabajadores pudiera tener el siguiente esquema. 

Incluso en la etapa inicial podrían realizar las mismas actividades que las ya aprobadas en el reglamento vigente del Trabajo por Cuenta Propia y de las Cooperativas Urbanas. 

Debe pensarse también, en la utilización del recurso humano altamente escolarizado que tiene el país, es de-cir, deben priorizarse empresas donde se haga un mayor uso del conocimiento, lo que evitaría la descalificación de estos recursos que están emigrando hacia esferas donde se obtienen mejores ingresos, pero requieren poca calificación, e incluso frenar la emigración hacia el exterior, tanto para países con mayor nivel de desarrollo, como hacia los de menores niveles de desarrollo de América Latina, donde la pirámide social no está tan invertida como en nuestro caso. 


En un país como Cuba se pueden esperar muchos resultados de este tipo de empresa, especialmente en el deseo de lograr un desarrollo económico y social más homogéneo en las distintas zonas del territorio nacional.

Elementos finales a considerar 

Las actividades aprobadas para ejercer el trabajo por cuenta propia hasta la fecha son aún insuficientes, y no han tenido presente el potencial profesional que posee el país. Los actuales trabajadores vinculados a estas licencias reconocen su mejoría en el nivel de vida, y dan un servicio útil a la población y al Estado. 

Es necesario la creación de una institución cuya misión fundamental sea el desarrollo de las MYPES, con un sistema de “ventanilla única”, manteniendo las ramificaciones en los territorios y los vínculos con las demás organizaciones relacionadas con el tema; una institución autónoma, pero potenciadora de sus miembros, y muy diferente a las instituciones que se conocen en el decurso de la historia económica reciente. 

De igual manera que otros países, sería provechoso crear un banco de desarrollo u otras instituciones financieras de microcrédito, especializadas únicamente en atender este segmento de mercado. Y puede incluso valorarse la posibilidad de utilizar la colaboración internacional. 

Debe elaborarse una legislación que fomente el establecimiento de conexiones entre la empresa estatal y las MYPES, de forma tal que estas últimas pudieran intervenir en alguna fase del proceso de producción con vistas a la exportación, en la cual los pequeños agentes privados, le pudieran aportar competitividad al producto final exportable. 

Aunque las autoridades cubanas muestran un interés real, avalado en numerosas acciones concretas, que buscan hacer crecer el segmento de las MPYMES en el mercado cubano, estas no son suficientes. Aunque evidentemente responden a este interés y son parte de un programa de fomento, se considera que aún no se han organizado suficientemente y estructurado de manera integral como para lograr que el sector avance a pasos más veloces y con mayores posibilidades de éxito. 

Por último la PYME cubana sería más que viable en nuestro modelo de actualización del modelo econó-mico y aportaría más resultados positivos, siempre y cuando el gobierno comprenda el rol económico de este tipo de empresas y sus potencialidades.


Bibliografía

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